Suí Cídium
Sucumbir, extinguir,
desaparecer, caer, cometer el homicidio divino y reírme de los que acatan
mientras me pongo al nivel de Dios. ¿Y si consigo el objetivo? tal vez algunos
lloraran y caerán en el desespero de las preguntas infinitas. Y que se jodan!
Yo de esas ya no padezco.
Estiro las letras que
me dejas, las extiendo para deducir-juzgar. Entrevistar a la victima. Morder al
fiscal. Legalizar la partida. Confirmar la denuncia y hasta disfrutar de la polémica
mientras me amarro una corbata rosa:
¿Por qué tengo que
seguir jugando un juego en el que me obligaron a participar, y donde además no
habrá ganadores ni premios ni recompensas por sobrevivir?
¿Por qué seguir
viviendo cuando los motivos o sentidos de vida que pueda tener no son más que
meros placebos humanos asociados a reacciones de placer producto del diseño de
mi cuerpo?
¿No sería mejor morir
ahora y ahorrarme el vía crucis cuyo final no tiene trompetas ni coros
celestiales?
Si tu vas al cielo,
primero que yo, dile a todos esos angelitos que también yo iré...
La situación se torna
complicada. 40º bajo cero, el esfuerzo
no sirve. Todo está rodeado de hielo que
aprisiona los cuerpos, ya casi inmóviles bajo la superficie.
Pero puedo excavar un
poco a contra luz.
Juventud.
Autodestrucción. destrozar estereotipos esperados por padres y figuras de
autoridad. El poner fin a la vida, sin culpas ni temores ante la mirada
horrorizada de un público vislumbrado como tiranos subyugadores de placeres e
instintos inmorales, parece ser uno de los deleites máximos a alcanzar en esa isla llamada adolescencia. La vida y
la muerte no son mas que un juego impuesto por personas que jamás “me van a
entender”. Por lo que ni mis padres, ni
mis profesores ni mi Dios me van a decir que hacer. Ojala todos me vean morir, pero mas desearía yo verlos a ellos una vez
que ya no esté.
Que hermosa y melódica
época para ser un potencial suicida!! Que bella y frenética época para que
convivan paradojalmente los deseos de ser y no ser casi con el mismo nivel de
intensidad y pasión.
Que hermoso momento
para clavarme notas negras y reptar entre un beso y un buen drama con rock de
los 70. Que buen llanto y que buenos aplausos internalizaré. Que lucha
instintiva del no saber que hacer y dar oportunidades con infinitos excesos.
Y que cliché más
violeta con olor a aroma artificial de mora. De la estación en la que ellas
serían reales con el pelo rojo y ellos se confirman con un mechón azul.
Señales suicidas,
mensajes en clave, llamadas de auxilio escritas con luces parpadeantes de neón.
Susurros estridentes del inconsciente.
Cuantas veces has
deseado que la muerte se subyugue ante tus pies!
Cuantas veces miraste
entre tus dedos imaginando y deseando lo peor!
Cuan solemne te pones
cuando te hablo de esto.
¿Y con que me quedo?
Al final todo parece ser una ilusión de control.
Al inicio todo parece
ser una ilusion de control
Las ganas de ser son
tan poderosas como las de no ser. Y créeme, yo no te podría
clasificar. Yo no se de expediciones científicas.
Entre pulsiones y
pulsiones, entre elecciones y elecciones, entre románticas maneras de imaginar
como nos lloran, como golpean nuestras tumbas en busca de volver a revivir lo
perdido. Entre lo justo y lo injusto de que egoístamente alguien se aleje de
nosotros, o de que alguien muera antes de tiempo, o muera el que no tenia que
morir, y el que lo merece vive y ríe. ¿Castigo? ¿No era la gracia eterna?¿Puedo
adelantarme y escoger presionar el botón hasta que las luces dejen de parpadear? ¿Pecado oscuro imperdonable o derecho de humilde libertad?
Por hoy me quiero
regocijar en que si me tocó jugar el juego, he decidido entre bufonadas y psicodélicos
juegos mentales jugarlo con fichas, dados y peones que no quieran ganar ni
menos perder. Ante el recuerdo de las noches de calvario existencial, o
“Dolencia de mortalidad” como Nicolas le diagnosticó a Lestat, me refugio en
los espacios donde vida y muerte son actores de una obra aparte, fuera
de mi. El tiempo se mantiene en la agonía de lo que muere para nacer atemporal
y melódico. Puedo cantar un poco, puedo bailar y reír, puedo elegir un poco;
como puedo morir un poco y puedo un poco
vivir.


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