Tuesday, May 22, 2012


Suí Cídium

Sucumbir, extinguir, desaparecer, caer, cometer el homicidio divino y reírme de los que acatan mientras me pongo al nivel de Dios. ¿Y si consigo el objetivo? tal vez algunos lloraran y caerán en el desespero de las preguntas infinitas. Y que se jodan! Yo de esas ya no padezco.

Estiro las letras que me dejas, las extiendo para deducir-juzgar. Entrevistar a la victima. Morder al fiscal. Legalizar la partida. Confirmar la denuncia y hasta disfrutar de la polémica mientras me amarro una corbata rosa:
¿Por qué tengo que seguir jugando un juego en el que me obligaron a participar, y donde además no habrá ganadores ni premios ni recompensas por sobrevivir?
¿Por qué seguir viviendo cuando los motivos o sentidos de vida que pueda tener no son más que meros placebos humanos asociados a reacciones de placer producto del diseño de mi cuerpo?
¿No sería mejor morir ahora y ahorrarme el vía crucis cuyo final no tiene trompetas ni coros celestiales?
Si tu vas al cielo, primero que yo, dile a todos esos angelitos que también yo iré...

La situación se torna complicada.  40º bajo cero, el esfuerzo no sirve. Todo está rodeado  de hielo que aprisiona los cuerpos, ya casi inmóviles bajo la superficie.

Pero puedo excavar un poco a contra luz.

Juventud. Autodestrucción. destrozar estereotipos esperados por padres y figuras de autoridad. El poner fin a la vida, sin culpas ni temores ante la mirada horrorizada de un público vislumbrado como tiranos subyugadores de placeres e instintos inmorales, parece ser uno de los deleites máximos a alcanzar  en esa isla llamada adolescencia. La vida y la muerte no son mas que un juego impuesto por personas que jamás “me van a entender”.  Por lo que ni mis padres, ni mis profesores ni mi Dios me van a decir que hacer. Ojala todos me vean morir, pero mas desearía yo verlos a ellos una vez que ya no esté.

Que hermosa y melódica época para ser un potencial suicida!! Que bella y frenética época para que convivan paradojalmente los deseos de ser y no ser casi con el mismo nivel de intensidad y pasión.
Que hermoso momento para clavarme notas negras y reptar entre un beso y un buen drama con rock de los 70. Que buen llanto y que buenos aplausos internalizaré. Que lucha instintiva del no saber que hacer y dar oportunidades con infinitos excesos.

Y que cliché más violeta con olor a aroma artificial de mora. De la estación en la que ellas serían reales con  el pelo rojo y ellos  se confirman con un mechón azul.

Señales suicidas, mensajes en clave, llamadas de auxilio escritas con luces parpadeantes de neón. Susurros estridentes del inconsciente.
Cuantas veces has deseado que la muerte se subyugue ante tus  pies!
Cuantas veces miraste entre tus dedos imaginando y deseando lo peor!

Cuan solemne te pones cuando te hablo de esto.

¿Y con que me quedo?
 Al final todo parece ser una ilusión de control.
Al inicio todo parece ser una ilusion de control
Las ganas de ser son tan poderosas como las de no ser. Y créeme, yo no te podría clasificar. Yo no se de expediciones científicas.

Entre pulsiones y pulsiones, entre elecciones y elecciones, entre románticas maneras de imaginar como nos lloran, como golpean nuestras tumbas en busca de volver a revivir lo perdido. Entre lo justo y lo injusto de que egoístamente alguien se aleje de nosotros, o de que alguien muera antes de tiempo, o muera el que no tenia que morir, y el que lo merece vive y ríe. ¿Castigo? ¿No era la gracia eterna?¿Puedo adelantarme y escoger presionar el botón hasta que las luces dejen de parpadear? ¿Pecado oscuro imperdonable o  derecho de humilde libertad? 

Por hoy me quiero regocijar en que si me tocó jugar el juego, he decidido entre bufonadas y psicodélicos juegos mentales jugarlo con fichas, dados y peones que no quieran ganar ni menos perder. Ante el recuerdo de las noches de calvario existencial, o “Dolencia de mortalidad” como Nicolas le diagnosticó a Lestat, me refugio en los espacios donde  vida y  muerte son actores de una obra aparte, fuera de mi. El tiempo se mantiene en la agonía de lo que muere para nacer atemporal y melódico. Puedo cantar un poco, puedo bailar y reír, puedo elegir un poco; como  puedo morir un poco y puedo un poco vivir.