Ada y su prédica.
Ya fuese sueño o ensoñación lastimera, en medio de la habitación celeste, los marcos de las pinturas se tornaban mas doradas de lo común, emitiendo un plateado irreal. Ada se sentó sobre el único sillón que parecía limpio y mirando por la ventana rezó. Pero no era una oración habitual; no rezó por su familia, ni por la paz mundial, ni por la de su mundo interno. Esa súplica iba por un sendero muy distinto al que habría seguido hasta la noche anterior, donde probablemente, si hubiera rezado por el bien común.
Hoy no.
Hoy su canto silencioso murmuró una plegaria absurda para el oído que hubiese estado atento al marcado acento con el que erigió su petición:
"Cálmame al caminar desde atrás hacia adelante. Y cuando camine arrastrándome, calma mi mano, que nunca falle"
Ada sonreía mas y mas fuerte, tanto que dolió un poco, tanto que su risa fue más bien una maníaca burla.¡Cuanto le gustaba sonreír así!... y quitándose las vendas con lentitud descubrió su mano derecha. La abrió cuidadosamente, como evitando un posible dolor que nunca llegó. Se observó la palma blanca y translucida, luego volteo y al interior de su mano reconoció aquella cicatriz olvidada.
Una espina de 2 centímetros alguna vez se clavó con crueldad en su pálida carne, mas sería mentira el no reconocer que ella disfruto de sobremanera esa sangre, ese tormento, la desarticulación de esa cara doliente frente a ella. El vaivén del llanto y la risa destemplando el silencio frió de otrora, su noche favorita de invierno, donde tras jurar una venganza que ni ella creyó poder cometer, arremetió contra la cara de su entonces novio, plasmándole con gélida fuerza las 30 rosas rojas que con sórdido descaro él le había regalado.
Para mi es un final feliz.
Thursday, May 20, 2010
Subscribe to:
Posts (Atom)

