Thursday, November 15, 2007

Ni sombra de asombro.

Que curioso me parecía todo antes, cuando las horas eran de los demás y a mi no me dejaban más tiempo que para creer en ángeles. Antes de que murieran todos mis amigos todo me sorprendía de un modo espiritual. Mis pobres horas se apagaron en la compasión de quienes más me querían. Uno a uno, cuando sus cuerpos eran cubierto de pesados recuerdos, la fantasía de que ya nada me asombraría se hizo realidad, y mi pasión por lo nuevo, se transformó en una vocación científica.

Era hora de destruir, y los gritos de las personas que no me importaban se hacían injustos, y los recuerdos de los amigos muertos ya no me hacían sentir dolor.

Ojalá sus huesos me significaran algo, ojala mis viejos amigos ahora fueran ángeles. Pero no están.

Antes me asombraba hasta de los que fumaban, me descontrolaban. Alguien debe haber robado lo que yo quería destruir. Antes me asombraba del miedo, de las noticias, del apocalipsis, de leer el pensamiento, de los filetes y el universo.

Y ahora, sentada frente a este estrado. Lamento decepcionarlos, pero ya nada me asombra. Ni la gracia divina ni el que ya nada me asombre.

No se por que tenían tanto miedo.

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